
Diseñar interiores para edificios patrimoniales es un arte delicado. Entras en un espacio y el peso de su historia es imposible de ignorar. El desafío es claro: ¿cómo crear un diseño que honre su pasado sin que parezca un museo? ¿Cómo insuflar nueva vida a algo tan arraigado en la tradición y, al mismo tiempo, hacerlo funcional para el presente?
Una reciente visita a Creta, Grecia, puso de relieve este equilibrio. Al caminar por calles sinuosas, con edificios centenarios y una historia en capas, nos cautivaron los espacios que cuentan historias a través de su diseño. Desde curtidurías reimaginadas hasta bares de vinos íntimos, cada proyecto reveló cómo las estructuras antiguas se pueden transformar con cuidado y creatividad.
Lo que más nos llamó la atención fue cómo estos espacios abrazaron las imperfecciones de su historia. Los patios de piedra se convirtieron en escenarios naturales para muebles elegantes, mientras que las fachadas antiguas enmarcaban interiores minimalistas. El equilibrio parecía natural, nunca trabajado en exceso. Al hablar con los lugareños, se hizo evidente que el éxito de estos diseños no se debe solo a las estrictas leyes de conservación de Grecia, sino al respeto por la historia del edificio, con actualizaciones cuidadosamente integradas en lugar de impuestas.
Para los diseñadores de interiores que trabajan en proyectos similares, todo empieza por dar un paso atrás. Antes de sumergirse en los diseños o en el mobiliario y los elementos decorativos, hay que tener en cuenta la historia del edificio. ¿Qué características merecen ser el centro de atención? ¿Cómo pueden los elementos modernos mejorar la arquitectura original en lugar de competir con ella?
“A partir de ahí, mi arte se derramó en el espacio, creando un entorno en constante cambio que evoluciona con mi trabajo”
Un espacio que ilustra perfectamente esta armonía entre lo antiguo y lo nuevo es Maiami , una brasserie y estudio de artista en el distrito portuario de Koum Kapi.
Este antiguo restaurante familiar de los años 50, propiedad de la artista y enóloga Alexandra Manousakis, aún conserva ecos de su pasado. Las puertas y ventanas de color rosa pastel se han conservado con cariño, lo que marca el tono de un espacio que conecta sus orígenes con la visión artística contemporánea de Alexandra.
El edificio en sí guió cada decisión de diseño. Se descubrieron y restauraron los pisos de terrazo y las paredes de piedra originales, lo que permitió que el espacio se integrara a su herencia. La cerámica y los muebles pintados a mano de Alexandra aportan una abstracción audaz y colorida, convirtiendo elementos funcionales como las vajillas y las mesas en declaraciones artísticas.
“Quitamos las paredes y los pisos para dejar al descubierto los materiales originales”, nos contó Alexandra. “A partir de ahí, mi arte se derramó por el espacio, creando un ambiente en constante cambio que evoluciona con mi trabajo”.
La sostenibilidad desempeñó un papel central en el proyecto. Todo se fabricó localmente y la mínima intervención preservó la autenticidad del edificio.
“Hemos puesto la sostenibilidad y la artesanía local como foco de atención”
En Tabakaria, una ensenada histórica rodeada de edificios industriales y vistas al mar, The Tanneries Hotel and Spa demuestra cómo la conservación de los detalles puede dar nueva vida a los espacios patrimoniales. Estos edificios, que en su día fueron una colección de curtidurías del siglo XIX, se han reinventado para convertirse en un refugio de lujo que conserva sus raíces industriales.
La fachada original, con sus tejas, altas chimeneas y portales arqueados, se mantiene intacta. En el interior, el diseño prioriza los materiales naturales como la piedra, la madera y el mármol, combinados con una paleta monocromática que permite que la arquitectura del espacio brille.
“Nos centramos en la sostenibilidad y la artesanía local”, comentó Melina, del equipo de relaciones públicas. “Las piedras que se utilizan proceden de los edificios originales o son de origen local”.
Intervenciones bien pensadas como techos de acero inoxidable texturizado, espejos colocados inteligentemente y un piso de vidrio crean una sensación de espacio y luz sin eclipsar el carácter industrial. El resultado es un ejemplo perfecto de cómo los diseñadores pueden usar pequeños detalles para realzar un espacio sin comprometer su historia.
En el corazón del casco antiguo de Chania, The Bar by Monogram transforma un pequeño espacio de 20 metros cuadrados en un elegante bar de cócteles. Este antiguo monasterio, ubicado en un edificio de la época veneciana con un llamativo techo abovedado, requería un enfoque de diseño basado en la simplicidad.
Los fundadores de The Bar by Monogram explicaron su filosofía: “La simplicidad, la verdad y la identidad local guiaron nuestras decisiones. Queríamos materiales que fueran honestos, funcionales y que reflejaran la historia del espacio”.
Esta filosofía se evidencia en cada detalle. Un elegante banco de trabajo de acero inoxidable recorre toda la barra, dividiendo el espacio a la vez que crea profundidad y un práctico espacio de almacenamiento. Los espejos amplían ingeniosamente la habitación, mientras que los materiales contrastantes, como la madera contrachapada marina y el yeso de cal, añaden calidez y textura.
La sostenibilidad también fue una prioridad. El suelo, elaborado con la dura piedra de Rethymno, combina perfectamente con la mampostería abovedada, mientras que el yeso de cal ecológico permite que las paredes de piedra respiren de forma natural. Cada elemento funciona con las características originales del edificio, realzando su carácter sin eclipsarlo.
Para nosotros, este es un ejemplo perfecto de cómo utilizar los cimientos de un edificio existente como base para un diseño. ¿Te imaginas abordarlo de otra manera?